Restaurant El Laurel (en Ecowild, Mérida)
Nosotros teníamos muchas expectativas por visitar El Laurel, el restaurant a cargo del bloguero Takeshi y de su esposa Norma.
El blog de Takeshi es bien simpático y por diversas vías habíamos tenido muy buenos comentarios sobre su cocina. Ya María Luisa de Milsabores nos había hablado muy bien de Takeshi, así como Andrés de Imakinaria quien casi parecía tener acciones en el restaurant de la emoción con la que describía la comida.
Total que nos fuimos para allá, con unos chocolates de Birongo como regalo, ya que Andrés nos había informado que Takeshi deliraba por el chocolate venezolano.
Después de una sabrosa conversa y las presentaciones de rigor, permitimos que la comida empezara con las recomendaciones de Norma… Las fotos quedaron medio malosas pero es que la luz era muy suave y al macro de la cámara no le gustó eso.
El servicio de pan era un plato con 3 “pancitos” 2 salados y uno dulce. “Cuchi” es la única palabra que se me ocurre para calificarlos, además de sabrosos claro.
De “pre entrada” una cremita de calabacín, que mi hija, que es sopafóbica como Mafalda, se la zampó completa. Aquí debo aclarar un punto y es que en mi familia el almuerzo especial de los domingos solía ser en una pollera en Sta. Mónica (Caracas, Venezuela) que se llama (aún) “El Carretón”, así que eso de una “pre entrada” a mí me dejó de lo más sorprendido.
La “segunda pre-entrada” (sí, son dos), era un carpacho de res. Eran tres rodajitas, pero tomé la foto después de haberme comido una
Esto era una cosa tan delicada que ni siquiera entiendo como pudieron cortarlo y servirlo tan ordenadito en el plato. Con un toque de algo como un pesto, que, sencillamente, se deshacia como fuegos artificiales de sabor en la boca.
Después vino la entrada como tal: los langostinos que nos trajeron “para compartir”, y que sencillamente estaban exquisitos. Yo me rompía el coco intentando adivinar un suave sabor que se insinuaba en los langostinos, hasta que Takeshi me lo dijo con una sonrisa: “Anís Estrellado”. Jamás me hubiera imaginado que se le pudiera agregar Anís Estrellado a unos langostinos sin que supieran a medicina.
Los langostinos estaban acompañados por un chutney de mango delicioso, la presentación sencillamente espectacular como pueden ver. Yo como no estaba claro si las semillas se comían o no igual les metí diente y, para mi sorpresa, hasta sabrosas estaban.
Yo pedí el cochinillo, producto del propio EcoWild por lo que entendí. La fina piel tostadita y crujiente y la carne suave como la mantequilla eran sencillamente exquisitas. De verdad me faltan palabras para describirlo, el acompañamiento era una manzana al vino (o algo por el estilo) rellena con queso, muy sabrosa y delicada. La porción es grande, yo no me la pude comer completa, mi esposa me ayudó pero ni aún así no nos la pudimos terminar, así que los tragones no tendrán de que quejarse.
Mi esposa pidió el Civet de Cordero, que también estaba para caerse para atrás. Es una fina masa de hojaldre que envuelve suave carne de cordero esmechada. Como acompañamiento traía puré de auyama y una salsa dulzona.
Las niñas fueron bastante más conservadoras pidiendo un lomito (excelente y abundante) y pollo a la plancha. Las dos hubieran podido comer con un sólo plato compartido, aunque el lomito estaba tan bueno que mi hija se lo comió casi completo.
Finalmente llegó la hora del postre, Norma nos había ofrecido de antemano el Fondant de Chocolate, postre que Takeshi considera muy sencillo y visto, pero que prepara porque a la gente le gusta mucho.
El fondant apenas pudimos probarlo, ya que apenas las niñas lo saborearon empezaron a comérselo como locas y nos gruñían cada vez que intentábamos probar
Yo pedí una Sopa de Moras con queso Ricotta, dulce de membrillo y miel. Extraño pero sabroso. Para mi gusto le faltaba un poquito de miel, pero es que yo soy dulcero.
Mi esposa se decantó por una tradicional pera al vino servida con helado. La presentación para variar hacía que a uno le diera lástima tocar la comida.
Después de comer los postres estábamos que rodábamos, sencillamente llenos y extasiados por los sabores.
Norma tuvo problemas con el sistema y tuvo que hacer la cuenta a mano, proceso que fue un poco más lento que lo normal, por lo que nos envió a la mesa una par de cordiales artesanales elaborados en la región, menta y naranja si mal no recuerdo.
“La Casa” nos invitó los postres, gesto que agradecemos de sobremanera. Esta comida (incluyendo media de botella del excelente vino Casillero del Diablo) salió aproximadamente en unos 40.000 bolívares por persona, costo que a mi forma de ver se justifica plenamente para “darse un gusto” ya que en realidad fue “un gustazo”.
La ubicación del restaurant, en las cercanías de la entrada al Páramo de La Culata. La decoración y el ambiente, la exquisita comida de Takeshi, la cordial atención y cuidado a los detalles de Norma hicieron de este almuerzo una experiencia inolvidable.
Muchas gracias a Norma y a Takeshi por su hospitalidad, la larga y sabrosa conversa y el festín que nos dimos. Saludos a Hiro, el pequeño que indudablemente es hijo de Takeshi a pesar de su preferencia por la pizza
Nota: Para rematar, las instalaciones de EcoWild tienen los mejores baños que nos hemos encontrado. Además de ser muy bonitos y limpios, tienen agua caliente en el lavamanos y por las ventanas se observa una vista espectacular.
Actualización: A partir del 21 de septiembre de 2007, El Laurel tiene como chef a Juan Francisco Arias.
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