Hace unos días, decidimos escapar del tráfico de la ciudad y tomar un poquito de sol, así que nos fuimos al Parque Nacional Morrocoy y nuestra base de operaciones fue Tucacas en el Estado Falcón.

Allí nos quedamos en la “Aparto Posada del Mar”, en un apartamento para 6 personas con aire acondicionado, una cocina bien equipada, televisión por cable, balcón, parrillera, una habitación matrimonial y 4 camas adicionales (todas con sábanas limpias) y toallas suficientes para todos.
La decoración es sencilla y por supuesto alusiva a la playa, con muchos detallitos perfectamente pensados, y todo está en perfecto estado de limpieza y de mantenimiento.
La posada tiene estacionamiento, un caney con parrillera, piscina con jacuzzi, sauna, un muelle privado (en la foto) ya que ellos mismos ofrecen el servicio de transporte a los cayos, un bodegón donde comprar esas cosas de última hora que siempre olvidamos (nadie lo atiende, la dueña confía en sus honestos huéspedes, quienes anotan en una lista lo que toman, y lo cancelan al salir de la posada).
También tiene servicio de internet, para aquellos que ni en la playa pueden estar desconectados del mundo, un salón de usos múltiples, y hasta dan clases de Windsurf. Y los precios son solidarios.
Una vez instalados, nos fuimos al pueblo a cenar en la “Marisquería Venemar” que queda cerquita de la plaza Bolívar. Es un restaurant lujoso y algo caro, pero no tiene desperdicio, la comida es excelente y la atención inmejorable.
Un señor nos deleitó toda la velada con boleros al ritmo de un acordeón. Cuando llegó a nuestra mesa, me pidió que le dijera que cantar, no me venía nada a la mente porque ya había cantado todos los boleros que conocía, aunque faltaba “Motivos” de Italo Pizzolante. Me derretí con mis camarones al chile acompañados con arroz blanco mientras cantaba “una simple estrellita de mar es un motivo…”
Al llegar a la posada, le dijimos al encargado que queríamos partir a los cayos bien temprano, así que a las 8:00 a.m. ya estábamos montados en la lancha “Águila Blanca” que nos dejó en el “Cayo Playuela” a eso de 8:30 a.m.
Si quieren ir a Cayo Playuela, les aconsejo llegar bien temprano para que se ubiquen en el mejor lugar, y para que disfruten de ser los primeros en llegar a la playa, los primeros en pisar la arena coralina de los cayos del Parque Nacional Morrocoy, en disfrutar el olor distinto a cualquier otra playa, y aprovechar el momento para tomar unas buenas fotos del paisaje.
En el mismo Cayo hay dos playas: Playuela y Playuelita. La segunda es un poquito más privada y tranquila que Playuela. Allí se ven más parejitas que familias, porque hay más piedras y corales cerca de la orilla, y porque hay que caminar bastante para llegar desde el muelle.
En la playa venden todo tipo de cosas, como helados, collares, zarcillos, pulseras, tattoos temporales, y mariscos, entre los cuales se encuentran los mundialmente conocidos: “rompe colchón”, “vuelve a la vida”, etc.
También alquilan sillas y toldos. Recuerden llevar protectores solares, bronceadores, cremas humectantes, y lociones para después del sol, porque el sol es implacable. Eso sí, les garantizo un excelente bronceado, sobre todo si caminan por toda la playa, o juegan tenis en la arena. Disfruten de la playa, protéjanse del sol, sobre todo al medio día, y procuren botar la basura en su lugar.
En Playuela ofrecen servicio de restaurant y te llevan la comida hasta donde estés sentado; sin embargo, es recomendable que se lleven una cavita con hielo, muchos líquidos, y algo sencillo para comer; en especial si van con niños.
Venden unas cocadas frente al muelle, que son espectaculares. Hay de varios tipos, desde la tradicional con un poco de canela hasta las más cargadas con pirulin o galletas Oreo. Les recomiendo que se tomen una cocada mientras esperan en el muelle a la lancha que los regresará a Tucacas, y estén temprano allí porque siempre colapsa entre 4:00 y 5:00 pm, que es la hora en la que la mayoría de la gente regresa a tierra firme.
El Parque Nacional Morrocoy no sólo es famoso por sus playas, sino también por lo que no vemos a simple vista, los corales y una gran diversidad de peces, por lo que es común ver a submarinistas en las playas (es muy cómico ver como se ponen el traje)
Al regresar a la posada, nos quedamos un buen rato en la piscina disfrutando del sistema de jacuzzi que tiene, y al anochecer, fuimos a caminar por el pueblo y a comer. Es muy común ver tarantines con pulseras, collares y zarcillos a la venta, todos a muy buenos precios.
Cenamos en una panadería que se llama “La Reina del Mar” una pizza gallega que estaba excelente, la panadería tiene pocas mesas, y hay que esperar siempre a que se levante alguien para comer, pero las pizzas valen la pena la espera.
Si van en un “ida por vuelta”, es decir, en un solo día; cerca de la Plaza Bolívar, hay un estacionamiento donde pueden dejar el carro, y hay lancheros ofreciendo el servicio de transporte a los cayos.
No se pierdan la oportunidad de conocer este espectacular espacio de belleza natural, ya sea llegando desde Tucacas o desde Chichiriviche.
Artículo y fotos gracias a la colaboración de Desirée Costa.
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