Cuando un caraqueño piensa en Petare, usualmente se imagina el tráfico, el gentío y los buhoneros de la Redoma. Muy pocos conocen que a pocos pasos de allí, casi que refugiado en su colina, se halla el Casco Colonial.
Entrar allí es como retroceder en el tiempo, cuando Petare era un sitio alejado del centro de la ciudad de Caracas y con su propio ritmo.
Como todo pueblito de Venezuela, tiene una plaza, alrededor de la cual están las principales construcciones. En estos momentos, se están haciendo obras de mantenimiento de dicha plaza y la instalación de una gran estatua de Antonio José de Sucre.

Petare se fundó en 1621 como “pueblo de Doctrina de Indios”, cuyo objeto era evitar el maltrato de los indios por parte de los encomenderos y adoctrinarlos en la fe católica. Frente a la Plaza se encuentra la Iglesia Dulce Nombre de Jesús, donde se venera la imagen del Divino Niño y donde se encuentran 32 imágenes religiosas de valor histórico.

Alrededor de la plaza se encuentran las edificaciones que albergan a diferentes entes del gobierno del Municipio Sucre, así como la casa de la Fundación Bigott. Se nota que se ha hecho el esfuerzo por preservar parte del aspecto original de las casa de la zona.


Más allá de la plaza, cualquiera de sus estrechas calles trae reminiscencias de un pasado que no vuelve. Hay en su atmósfera y en sus habitantes, un ritmo más lento y tranquilo que el de los que transitan por la avenida Francisco de Miranda. Pareciera que al entrar al Casco Colonial, ya no se perciben los ruidos de los carros ni el bullicio de la gente.
Me llamó la atención la gran cantidad de consultorios médicos que existen tras las fachadas de ventanas coloniales.

Otra cosa interesante es, que en esta zona se encuentra el Teatro “César Rengifo” y el Museo de Arte Popular de Petare “Bárbaro Rivas”

Me quedé con las ganas de conocer otros rincones, pero no andaba con un verdadero conocedor de la zona.
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